Tanto
aprendemos en el camino de la vida, hasta que nos damos cuenta
que quizá lo que un día conocimos ó creíamos
haber aprendido, hoy no sirve de nada. Llegamos a un punto
en el que simplemente la misma vida se encarga de demostrarnos
que seguimos siendo niños ignorantes ante una realidad
cambiante; ante un mundo que gira y gira a pasos agigantados
mientras nosotros, como débiles y frágiles criaturas,
solemos detenernos, sentarnos y esperar a ver qué pasa,
sin ni siquiera replantear qué camino vamos a tomar.
Eh ahí el más grande y absoluto error.
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Por qué los seres humanos adoptamos una actitud tan
cómoda hacia la vida. Cuándo dejamos de soñar,
soñar y soñar, mientras buscábamos en
los rincones más recónditos de nuestra cabeza
posibles herramientas para llegar a la meta. Quizá,
sólo quizá, soy yo una de las últimas
soñadoras, una de esas escasas personas que no se conforma
con lo que la vida ofrece sino que siempre está en
la exasperante búsqueda de algo más. Pero saben,
eso es mejor, pues al menos siempre tengo viva la vida, vivo
la vida y no, como muchos de ustedes, que mueren lenta y dolorosamente
ante ella.
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Estoy
segura que todos hemos pasado por momentos en que nos decimos
a nosotros mismos ¡Qué vida la mía, no
puede ser peor ¡y no nos damos cuenta que es como es
gracias a lo que nosotros mismos hemos hecho de ella. La vida
no es mala, la vida es vida, espontánea, cambiante,
fluida, abierta y receptiva; receptiva a lo que nosotros hacemos,
a lo que decimos y pensamos. Es tan desinteresada y amigable
que siempre nos deja hacer con ella, lo que en realidad deseamos.
Por ello, lo fácil para nosotros es culparla a ella,
o a Dios, de nuestras desgracias, olvidando que nosotros fuimos
los principales artífices de esa, nuestra realidad.
Como afirmó el sabio Albert Einstein, los seres humanos
siempre llegamos a un periodo de “CRISIS”, un
desagradable tiempo en donde lo malo se vuelve peor y las
expectativas de vida decrecen haciéndonos sentir miserables,
perdidos y sin un sentido. Pero el científico opinaba
diferente a la mayoría de mortales. Para él
la crisis significaba enfrentarnos a la oportunidad de construir
una nueva realidad, una realidad con propósitos definidos,
con pensamientos positivos y con sed de cambio. Esa crisis
era, algo así, como un primer ladrillo puesto en la
construcción sin vida de lo que sería un nuevo
hogar.
La crisis es entonces, aunque lo dudemos, una luz que ilumina
nuestra oscuridad en el momento indicado. Ese sentimiento
de “pérdida y frustración” es sólo
un llamado, una voz del inconsciente que grita a viva voz
¡Hey, tú, si tú, deja de llorar, ponte
los pantalones y vuelve a empezar¡
Ese es el momento oportuno para salirnos de lo cómodo,
de lo fácil y de lo conocido. Es el momento de dejar
de lado lo que conocemos de nosotros, lo que pensábamos
que éramos y atrevernos a descubrir qué tenemos
una gran y poderosa fuerza interior. Es el momento, el oportuno
y vivo momento, de encontrarnos a nosotros mismos, de mirarnos
en un espejo y decirnos… Yo, esta hermosa criatura de
Dios, busco, deseo y quiero más.
Ser soñador no es malo, por el contrario, es la mejor
herramienta que tenemos los hombres para subsistir en un mundo
en donde cada vez se nos prohíbe soñar. Pero,
eso sí, tienes que ser un soñador comprometido,
de esos que no dejan que sus ilusiones sean eso, sólo
sueños, sino que día a día hacen algo
que los acerquen más a la meta ideada.
No te dejes de los incrédulos, de los que se conforman
con lo que tienen y nunca aspiran a nada más. Pues
en la vida encontrarás personas así, como estrellas
en el cielo, pero sólo depende de ti hacerte el sordo
y seguir.
Conviértete en eso que quieres, lucha por lo que mereces
y abre los ojos a un mundo en donde tú mismo eres el
creador. No sigas colocándote límites, no sigas
alimentando más miedos, no mueras a diario en la monotonía,
y lo más importante, no dejes morir tus sueños. |