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poema de  Miguel Martínez

EL VIAJE




Qué hartura de narices y de manos
son las siete y veinticinco de la tarde
y qué cansancio de pestañas y de boca
de palabras que ahora me chirrían
como grillos despistados en la lengua.

Ojalá pudiera al menos una vez al año
hacer turismo metafísico
cambiarme el antifaz de ser humano
salir de la oficina de mí mismo
y pegarme unas buenas vacaciones
por el resto inhumano de las cosas.

Meterme en una piedra por ejemplo
pasar la noche allí
los pies petrificados, las lombrices pasajeras
los húmedos ronquidos de la tierra.

Despertarme feliz como una roca
pero ya con las maletas hechas
y entrar tranquilamente en una higuera
pasear un rato por su tronco
subir en ascensor hasta la copa
y una vez allí tumbarme al sol
como la más despreocupada de sus hojas.

Quiero que organicen viajes a una fresa
estoy dispuesto a pagar tres años de mi sueldo
por convertirme un sólo día
en la pulga que cabalga a lomos de tu perro.

Reivindico mi derecho inalienable a ser un meteorito
quiero conocer otros objetos que también habitan este mundo
temblar en un violín
pasar el fin de semana en un erizo
acampar al raso dentro de una caracola.

Así después del viaje
cuando regrese a esto
a mis pies, a mis costillas,
a mi recobrada lengua,
a mi asimétrica sonrisa,
lo haré con esa mezcla renovada de ternura, deseo e incertidumbre
con la que el viajero vuelve de muy lejos
y abre despacito
la puerta de su casa.

 

Poemas seleccionados por el poeta © Miguel Martínez, para su publicación en la revista mis Repoelas:





El viaje


Nietzsche estaba equivocado


Las palabras y las cosas


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras