CONDENADOS
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Cuando
la bestia despertó, no me escondí, me quedé
esperando. La puerta por donde entrará –pensé-
quedará iluminada, mientras yo estaré en penumbra.
El habitante se instaló cómodamente en la guarida,
escuchando y mirando a través de mí. Una paz
vacía inundó mi cabeza mientras la respiración
se hacía lenta, durmiente.
Acechábamos a la espera, mientras él hacía
conjeturas sobre la bestia y yo la oía bramar al acercarse.
Pronto sentimos un olor agrio, el olor de la rabia, y retrocedimos
solo un paso. Un estruendo y la puerta saltó herida,
astillada. Entonces comprobamos lo que habíamos imaginado:
que detrás de los ojos desorbitados y la boca llena
de espuma, estaba nuestra rabia.
Ahora somos tres. La bestia es un compañero incómodo,
pero la hemos relegado a un rincón y, casi siempre,
está dormida.
No sabemos cuánto tiempo más tendremos que habitar
el laberinto, ni cuántos seremos, al final, en esta
celda.
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EL
HABITANTE
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Hay un
ser que me habita y piensa, a veces, siente y dentro de mí,
observa desde la distancia y ríe.
A veces es yo, y veo –vemos- gente que mueve los labios,
se sorprende y va deprisa en un torbellino sin sonido. Él
se refugia en la guarida de mi cuerpo y huele, acaricia y
escucha conmigo.
Ya estamos acostumbrados, somos dos perspectivas de la misma
imagen y, la mayoría de las veces, estamos tranquilos,
contentos. Sobre todo cuando estamos solos.
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Selección de y relatos y poemas escogidos
de © Mercedes Martínez , cedidos amablemente
por la autora, para su publicación en la revista
mis Repoelas:
Condenados
La huida
poemas
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