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Papá, si
eras especial,
y pienso que para mi, universal,
y el mejor patriarcal,
de tiempo inmemorial.
Eres y eras la clave de mi poesía,
pues tu fidelidad en mi hacía,
que cada mañana yo escribía,
el sentir de tu día a día.
Y ahora desde el cielo,
yo se que me guías dándome consuelo,
tu bien sabes lo que me produce desvelo,
y tengo que seguir con mis pies en el suelo.
Ay papá!, si tuviera unas blancas alas,
las adornaría con bellas calas
y con todas vestidas de ricas galas,
iría corriendo a verte como las balas.
Pero no tengo ambas cosas
y como me gustan las cosas hermosas,
y recuerdo tu cara y manos tan bondadosas,
te mando mi mayor ramo de rosas.
Y te susurro al oído,
que eres mi amor preferido,
y que siempre te he tenido,
en mi corazón muy contenido.
En unos días a escribirte volveré,
mis rimas a ti con mi querer mandaré,
ten cuidado!, entre ellas te abrazaré
y nuestra distancia, estrecharé.
Solo entonces, sentirás mi calor,
y solo entonces comprenderás mi dolor,
y entenderás mi clamor,
al faltarme tu maravilloso amor.
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