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 poema de Eufrasio Navarro

LA ORACIÓN DE UN ATEO


Me despiertan las campanas de gloria
¡Qué digo de gloria! Pueden ser de infierno
Llamada a la oración, me dice mi vecina
pobre mujer convencida de la nada
y aprieta los puños en la desesperanza
por la desnudez de ser pobre.

La miro, veo sus arrugas de juventud
arañada de la rabia por la conquista del macho
cuando la hizo suya, sin previo aviso, calamidad
palabra suave de cónclave de iglesia
para obedecer a la tradición dice, es lo que hay.

Empiezo a mirar por el cielo, solo veo azul
nada de ese dios que no sabe, que existe
hablo de mi vecina, arrugada de juventud
obediente y sumisa, con la mirada al suelo
para no levantar sospechas, de los energúmenos.

Y el listo de turno, adinerado sin dineros
blasfema con el diccionario, siempre fue así
la mujer es del macho, porque así lo quiso dios
al verla pasar, tan pura y esbelta
esa mujer de mi pueblo, todavía de buen ver
con sus arrugas de juventud y esclavizada.

Y una tarde, en el quicio de su puerta
le pregunte ¿Porque cree usted en dios?
me miró con la cara bien puesta
me contesto ¡Mira hijo soy mujer
y la vida da muchas vueltas!

Y fue entonces, cuando más creí en la vida
cuando más me sentí hombre
cuando vi, la miseria del poder y de la iglesia
dejando el tiempo, con mi vecina a su suerte.

Poemas de © Eufrasio Navarro , seleccionados por el propio autor para la revista mis Repoelas:

Luces de aroma

La oración de un ateo

Mi voz en tus entrañas

 
 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras