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última cena, poema

ÚLTIMA CENA

Todos van a fallar, como está escrito.
Marcos 14, 27

Cuando el amor es una orden, el odio se puede convertir en un placer.
Charles Bukowski


En la sutil frontera que separa
La ebriedad del sueño
O en el límite irreal
difuso de la noche
La madrugada avanza como un Panzer de la Wehrmacht
Por estepas desiertas de conciencia
Y desdibuja oscura ahora
rostros que son máscaras

Ya el mar inmenso y negro
Desde la terraza inmóvil ruge
Su ruido denso entrecortado es un resuello
Como una ronca amenaza arrastrada
En la falsa calma de fantasmas atrapados
En la angustia que se clava
O el puñal de la belleza

Cinco tipos celebrando

una vez más
El triunfo de casualidades
Lo que importa
es eso
Y sólo el faro disputa
con sus golpes de taekwondo
A la luna su fulgor
Expansivo extraño y tiñe
Horizontes de amarillo en el mantel blanco
El vino derramado en falsa euforia
Las botellas de licor o copas turbias
El cristal después del brindis
Roto
otro
Verano
el último
Desde hace más de veinte

Suena suave azul y negra de perfume amargo

Nina Simone
Blue moon como cálida hemorragia
you saw me standing alone
Y oigo cómo hablan
no sé de qué
Pero sus voces son haces enhebrados
Trenza trillada de risas tristes
Cuando apuro de un sorbo el desencanto
El último Marlboro del paquete
Esas voces arrastradas
de alcohol y desengaños
Son la lenta letanía que teje el tiempo
O un cabo anudado deshecho en la arena
Seca de las dunas o en agostos
Engañosamente eternos e inminentes de septiembres
En la certeza presentida como un eco
Del pasado salmodiado de vacíos
La hueca decepción ahogada en despedidas
Y el amor que fue espejismo
En el fondo aguado de los whiskies
En las marcas de los culos
De los vasos en la mesa
Del ardor adolescente calcinado
En la tiranía animal del sexo
En las mujeres que amamos y son sólo
cicatrices ensanchadas por los años
putas manchas de gasoil iridiscente

Perdiendo la batalla como en Ende
Desde que éramos niños
Al leer la historia que termina

   la Nada avanza
En la orilla donde rompen los secretos

de las juergas compartidas
Cuando la juventud nos hacía impunes y la moral dormía
En la voluta temblorosa que dibuja el dedo sobre el vidrio
con un signo de infinito
Embriagados de mentira y breve el alma
En el eco del dolor de Baudelaire
O en el peso indefinido de la culpa
En el círculo que cierra la esperanza inútil
De no arrasar con todo
por ahora

Pero al final no somos sino albatros

traspasados
Por las flechas que lanzamos por rutina
Hombres anegados de alcohol que esperan
El espanto de un pasado que no existe
Diluido en una sucesión de nadies
En la mueca estúpida ante el asombro
De no reconocernos en nosotros

Porque hemos cambiado tanto
Que ya sólo

nos une un recuerdo vago
De haber sido alguna vez
amigos
Y contamos rutinariamente historias
Que tememos perder
Supervivientes sólo
como relatos
Que no nos parece haber vivido
Realmente
No
No éramos nosotros
aunque sus nombres
          coincidan con los nuestros
 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras