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Te soñé
en una noche solitaria, sentada
en el diván de mis recuerdos,
el frío laceraba tu piel y mirabas,
abstraídas tus pupilas, como sí la vida
estuviese en despedida.
La impotencia embargó mi corazón,
quería tener medicina para tu cura,
retrocedí a mis vivencias del ayer y pensé
que te sanabas con ternura.
Ese dolor que sientes en el alma en la
selva hallará su sanación, sólo con la
sapiencia de los dioses y la fuerza de tu
corazón.
Con ternura ingrediente principal no hay
mal que valga cuando hay la razón.
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