| |
Escucha el ciego mensaje
de mi amor
pequeña hermana.
Recíbelo de mí, flor sin olvido,
allí donde te encuentres, en capillas de nubes,
lumbre alta:
Nunca te verán mis ojos
con la vagarosa niebla,
con la desvaída cara del recuerdo. Conservaré
tu voz porque es la mía,
y en el aire más tibio y más azul,
en el día más nuevo,
en la más clara soledad, cuando el dolor asome
ardiente y puro,
hablaré con tu ausencia, triste mía,
y de mis propios labios nacerá el recuerdo.
Y escucharé tu voz hablando por mi boca,
y no la olvidaré
como olvidé la de mis otros muertos.
Derramaré tu voz entre las gentes
que tu gracia de hierba conocieron,
para que en un instante en medio de la vida
como una estrella de oro
tu clara voz descienda
desde el azul sereno;
y se detengan a escucharte en mí,
y en la grávida pausa de un silencio
vuelvas tú, niña mía, llama en flor,
en alas de la voz de tu hermana,
entre cendales de amoroso viento.
Mientras yo viva y sufra, mientras muera,
niña mía celeste, vivirá tu recuerdo.
|
Los
artículos de esta publicación no pueden ser
reproducidos ni en todo ni en parte, ni registrados en, ni
transmitidos por un sistema de recuperación de información,
en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico,
fotoquímico, electrónico, magnético,
electroóptico, por fotocopia, impresión de cualquier
tipo o cualquier otro, sin el permiso previo, y por escrito,
de su editor. |