El corazón
se desangra sin pudor
cuando la pena coloniza los sentidos,
y las lágrimas nos sirven para flotar
en un bosque de acantilados
vapuleados por el viento.
Reconozco que el dolor se blinda
cuando hay niebla en la mirada
y el cuerpo tiembla de miedo
cuando solo percibimos la tormenta
que se desata sin tregua en el alma.