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POETAS Y ESCRITORES ENTREVISTADOS

 

ENTREVISTA AL POETA
ESTEBAN MALDONADO


REALIZADA POR:
ADOLFO MARCHENA

El poeta Esteban Maldonado
(“El que escribe tiene que proyectar su verdadera sombra”)

Esteban Maldonado (Cádiz, 1989) es poeta y escritor. Sus creaciones literarias han aparecido en varias revistas y fanzines como Absenta, La RaRa y El Ático de Los Gatos, entre otras. Las sombras de la vigilia (Kristal Editorial) es su primer libro en solitario. También es uno de los autores del poemario colectivo Los seis dedos de una mano, editado por Editorial Corona del Sur en 2018.

Adolfo Marchena: En el libro se suceden las fotografías de autor con los poemas. ¿Es tu creación, un escorzo, como muchas de las imágenes del libro?

Esteban Maldonado: La mayoría de ellas son mías; otras las tomó mi madre. Estas imágenes son la representación de mi estado de ánimo. A veces parecen no corresponderse con los poemas, y es cierto, porque éstas cumplen una función individual. Son, en definitiva, poemas que adoptan la forma de una imagen.

A.M.: En dichas fotografías encuentro dualidad pero también percibo mucho silencio y quietud, incluso una larga y casi eterna espera.

E.M.: Exacto, porque mi objetivo era alcanzar el nivel poético a través de la cámara. El silencio y la paz nocturna (y en ocasiones diurnas) son la esencia de este poemario. El libro está lleno de reflexiones camufladas, ya sean en los poemas escritos o en los visuales. Todos ellos esperan la llegada de la verdadera paz que tanto ansío. La noche, los recuerdos, el origen de mi tristeza son el reflejo de un futuro incierto.

A.M.: El haiku ocupa gran parte del libro. A diferencia de la composición japonesa tradicional, donde la base es la naturaleza, en los tuyos prevalece lo urbano.

E.M.: Obviamente. El escenario es nocturno y urbano. Todo lo que me rodea. Creo que es un paso importante romper con las reglas y llevar los haikus a los territorios que son desconocidos para algunos lectores.

A.M.: Encuentro una dicotomía en tu poesía que se deriva de lo urbano, aspecto mencionado anteriormente; la asocio a lugares como los bares y, sin embargo, el ruido que estos provocan no existe.

E.M.: Siempre estoy absorto en mis pensamientos, en el diálogo interior. Lo que está fuera lo oigo, pero a veces no lo escucho, sobre todo en este libro. No obstante, creo que en estos poemas habitan muchos ruidos que nacen del silencio.

A.M.: En tu poesía habita el humo de los cigarrillos en torno a ese silencio del que ya hemos hablado. En el haiku que titulas Cenizas, dices: Estoy fumando / desde el amanecer / Mi vida se reduce a cenizas.

E.M.: El epílogo del libro es Fumo para quemar las penas. Eso lo explica todo. La imagen metafórica está muy presente en el libro aunque los lectores no se percaten de ello. Durante el proceso de escritura del libro, me pasaba todas las noches fumando y reflexionando y eso tiene sus consecuencias. Es muy jodido reflexionar sobre el dolor que te atormenta durante horas y horas de insomnio. Y a veces la ausencia me provoca episodios de pánico. Todas las desagradables sensaciones van acompañadas de los cigarrillos, y cuando llega el amanecer esto es todo lo que queda de mí; un cenicero repleto de colillas y ceniza.

A.M.: Al hilo de la pregunta anterior, Bukowski, en una de sus reflexiones dijo: Tienes que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad.

E.M.: Y es cierto. Lo he vivido en carne propia. Yo he muerto varias veces, y estas experiencias me han impulsado a apurar la vida con avidez, cigarrillo tras cigarrillo, noche tras noche. Sobrevives a muchos pesares, puedes vivir una vida que antes no tenías, pero siempre quedan los recuerdos, la ausencia, la impotencia, y entonces tienes que volver a morir y al día siguiente resucitas…Es un círculo vicioso.

A.M.: Sospecho que eres ecléctico en cuanto a la literatura y la música se refiere. Puedes saltar de la música clásica a Tom Waits, por ejemplo; del mismo modo que lo haces, en la literatura, con el citado Bukowski, sin denostar a Dostoievski; tan diferentes el uno del otro.

E.M.: No te has equivocado. Así es. La música y la literatura también me acompañan en las solitarias horas nocturnas. Y es muy curioso. Cuando siento que el dolor se apodera de mí siempre encuentro refugio en este tipo de música. La voz rota de Tom Waits y las sinfonías de Dmitri Shostakovich me hacen sentir bien y mal al mismo tiempo. Por otro lado, trato de leer todo lo que me gusta, pero lo que más me interesa es la literatura cruda, en carne viva. Aquí puedo mencionar a algunos de mis autores favoritos: John Fante, Louis-Ferdinand Céline, Bukowski, Pedro Juan Gutiérrez, Ernest Hemingway. Tampoco quiero olvidar a colegas escritores como Alexander Drake, Juan Cabezuelo o Antonio Javier Fuentes Soria, entre otros. Otros autores (y autoras) que no puedo dejar de leer son Dostoievski, Knut Hamsun, Nietzsche, Alejandra Pizarnik, Sherwood Anderson, Ana Frank, Carson McCullers, etc.

A.M.: También eres un amante de la historia. Sueles hacer mención a muchos acontecimientos que ocurrieron, sobre todo, en la Segunda Guerra Mundial.

E.M.: Efectivamente, soy un amante de la historia. Ahora estoy leyendo libros sobre las dos Guerras Mundiales. También me encanta la historia de los Vikingos y la de la Revolución Cubana.

A.M.: El libro lleva por título Las sombras de la vigilia; ¿qué proyectan tus propias sombras?

E.M.: Las sombras son las composiciones poéticas que están en mi libro, lógicamente. Ellas (las sombras) tratan de proyectar mis miedos, mis pesares, las jornadas de reflexión nocturnas. El papel es la pantalla donde se proyectan estas sombras.

A.M.: Respecto a tu poesía, y también tus fotografías, encuentro imágenes y versos que parecen reivindicar la quietud de los objetos (bancos desocupados, ventanas donde nadie se asoma o ceniceros donde se consume un cigarrillo).

E.M.: Los objetos y los lugares que mencionas representan la soledad, los recuerdos y el olvido. En esos bancos he pasado muchas tardes fumando, pensando en mis cosas y observando a la gente, el mundo real. Y a través de esas ventanas no solamente veo una ciudad gris, sino también a un individuo que parece estar olvidado por los demás. Un individuo que, ante la indiferencia de los transeúntes, se dedica frecuentar los lugares donde fue feliz. A través de esas sucias ventanas me descubro a mí mismo.

A.M.: ¿Consideras que la literatura tiene una edad? Al margen de su historia y las diversas generaciones que la forjaron.

E.M.: No, en mi humilde opinión, creo que la literatura no cumple años. Es cierto que la superficie de la literatura ha experimentado muchos cambios, pero su esencia siempre es la misma.

A.M.: ¿Crees que el hábito hace al poeta?

E.M.: Creo que la imagen del poeta –o del escritor- siempre debería corresponderse con su obra, aunque esto suponga un riesgo. Conozco a un escritor y poeta que escribe como una bestia y es jodidamente bueno. Pero luego interactúo con él, contemplo su presencia y me decepciona completamente. El que escribe tiene que proyectar su verdadera sombra. De lo contrario, su obra pierde autenticidad. Sin embargo, me alegro por él, porque como dije antes, el poeta o el escritor cuya presencia no se corresponde con sus creaciones literarias está camuflado y puede pasar desapercibido.

A.M.: En el poema La ciudad, Cavafis nos dice que la ciudad irá siempre en ti y que volverás a las mismas calles.

E.M.: Estoy de acuerdo. Esta pregunta me ha hecho recordar un poema de Karmelo C. Iribarren. En ese poema –no recuerdo ahora mismo el título-, el poeta vasco vuelve a recorrer las calles de la ciudad que él amó, pero su visión es distinta, y es entonces cuando siente una inmensa melancolía.

A.M.: En este sentido, tiene tu ciudad un itinerario como el de Pessoa en Lisboa.

E.M.: Tengo una relación de amor y odio con mi ciudad. Nos detestamos mutuamente. Puedo sentirlo cada vez que camino por sus calles. Pero también siento que es testigo mudo de muchas desgracias, y ella sabe que yo lo sé y eso nos une.

A.M.: En tu poema titulado, Cuando te despiertas en “una cama deshecha de recuerdos” y, al final del día reconoces que “no es el momento oportuno para dejar de fumar y de beber”; ¿cuánto necesita la poesía de lo prohibido?

E.M.: Mucho. Demasiado diría yo. La buena poesía tiene que estar libre de tabúes y abrazar la oscuridad, desnudarse, entregarse a todos los placeres insanos que la realidad le ofrece…

A.M.: Cuando el lector o lectora lee a un poeta, que pudiera ser Lorca o pudieras ser tú; ¿a quién crees que contemplan, en realidad?

E.M.: A veces es un problema muy serio. Hay muchos poetas que viven una realidad inventada, exceptuando a Lorca, por supuesto. Esos poetas que solamente tratan de transmitirte a través de sus versos un mensaje de positividad exagerada no son para mí. La auténtica realidad es esta, la que respiramos todos los días cuando salimos a la calle. Hay putas, suicidas, vagabundos que se mueren de frio en invierno bajo los cartones, etc. Pero también estamos –o debiéramos estar- nosotros para dar la cara, aunque nos la rompan. Podemos encontrar esperanza y calor en este mundo, en medio del infierno. Para tener esperanzas no es necesario vivir en otro planeta. Siempre hay –por extraño que parezca- alguien o algo que te ofrezca cobijo. Por esta razón, siempre recomiendo leer a Pedro Juan Gutiérrez, Bukowski y a Roger Wolfe, entre otros. El lector contempla, a través de las letras la imagen literaria que el autor ha creado.

A.M.: En mis entrevistas, concluyo diciendo que, por error u omisión, siempre me dejo algo en el tintero; ¿quieres añadir algo más?

E.M.: Me gustaría recordar que la mayor parte del poemario se perdió en las entrañas de un ordenador que no se volvió a encender. También quiero decir que los poemas que componen el libro fueron escritos entre 2007 y 2017; las fotos fueron tomadas posteriormente. El libro que estoy escribiendo en la actualidad es muy diferente. Sus rasgos son más crudos y directos, pero mi estilo original prevalece en sus páginas.
Ha sido un placer inmenso compartir este espacio con vosotros. Muchas gracias. ¡Un abrazako!


Entrevista realizada al escritor y poeta Esteban Maldonado por el poeta, escritor y prologuista Adolfo Marchena, .

 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras