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Teclear sin pensar en la mañana
que nos abre los buzones,
las cartas atrasadas
de una vida en fuga, consumido
el reloj en el último toque
de campana de fin de siglo.
La reiteración en los surtidores
de gasolina el octanaje
del recuerdo en parábola
hacia la distancia de nuestros
presentes enquistados
en otras seducciones
de océanos sin alambiques.
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