Siempre
he tenido la certeza
de que los muertos
no se van
a la negra nada
ni la misma
nada está en ellos.

La nada
está en nosotros,
es la raíz
de nuestra razón,
mientras
estamos vivos,
para poder
concebir que todo
es uno y lo mismo,
para reducirlo
todo a cero
y para poder
pensar las cosas
conforme
son en esta vida
–ó sea como
no siendo-,
porque en la realidad
todo es tan evidente
como que
nada ha sido,
ni es, ni será,
aunque todo
-en cualquier instante-
es un mundo
que no es,
un mundo que,
como el mar,
se evapora
mientras lo miras.

Si, la vida
es ese mar
que desaparece
ante tus ojos
y nosotros
somos barcos
-cargados
de nosotros mismos-
que navegamos
por siempre
sin orilla
a la deriva.