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LOS
MUERTOS DE ESTA HISTORIA
Los muertos de esta historia, no saben que están muertos.
No saben y salen de madrugada –cada
día–
con su pan bajo el sombrero
sonriéndole sin prejuicio a las muchachas
por antiguos callizos
sentándose complacidos en mesas hartas de flores,
mientras comen mandarinas.
Ellos, sin apuro, desvirgan pacientes petunias y azahares
frente al cambio-luz de los semáforos.
Arrean sus versos como ovejas –por
los mercados–
visitan hospitales y sarcófagos
en busca de juglares infectos
y apagan manzanilla por las tardes
en los primeros días del verano.
No saben que están muertos, los muertos de esta historia.
No lo saben y hacen amigos entre bandidos
citan a Kant en las iglesias
y ensayan sus muecas de angustia -frente
a señoras y señores-
Visten púrpura en recitales y banquetes
fuman opio importado tras bambalinas
y dan puntualmente
su diezmo de imprenta , al “imprentero” –dan
apretones de mano y abrazos–
sonríen y se endeudan los muertos de esta historia
que
no saben que están muertos. |