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Relato de María José Hernández López

LA LEY DEL MAR




Manos que ayudan a otras manos, salvadas de un destino sin rumbo. Errantes en medio de las tormentas, el hambre, el cansancio o simplemente, la huida explica esta desesperación humana en forma de brazos, ojos, rostros. Hombres que ayudan a otros hombres, mujeres que ayudan a otras mujeres. Niños que viajan, niños que nacen a contratiempo o tal vez no, si son supervivientes es que tuvieron algo de fortuna. Como ballenas invisibles surcan los barcos fantasmas en busca de un puerto seguro. No encuentran el atraque en enclaves sin alma. Allí no existe la ley del mar. En tierra, no se cumple lo que se predica. Mientras, el timonel pide desembarco, crece el desasosiego por momentos. En cubierta, vagan como mamíferos desorientados sin respuesta. Sin embargo, de una vez habrá que pisar tierra firme. Una esperanza se abre al cabo de los días. Las miradas deshidratadas casi no ven el horizonte. Otras manos parecen surgir del fondo de la tierra, socorren a otras manos maltrechas que ya estaban al borde del desahucio. Llegaron porque tuvieron suerte. Otros los engulló el mar, sumergidos en el horror del ahogado junto a esqueletos de pecios que, a modo de camaleones forman parte del lecho marino. Todo acaba en silencio en las profundidades. En superficie, aquellos que se salvaron lo fueron gracias a la ley del mar que, como el mandato del buen marino, es justa siempre.
 

Selección de y relatos y poemas escogidos de © Inmaculada Nogueras , cedidos amablemente por la autora, para su publicación en la revista mis Repoelas:






El filete


La ley del mar


En casa de Córtazar


Luciérnagas


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras