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Relato de María José Hernández López

LUCIÉRNAGAS




Cantaba la rana... Y el eco de su croar, en mitad de la noche, es un mapa, una guía para niños exploradores que pretenden cazarlas. Sólo las luciérnagas parecen despejar con su luz el polvoriento camino de vacas que la chavalería transita. Cantaba la rana... Y el oído avizor se agudiza para saber en qué dirección se encuentra toda su colonia. Escuchan otros cantos de ecos más pequeños que indican que ahí están, casi imperceptibles. Alguien se acuerda de encender una linterna y enfoca, a ciegas, a ver si puede pillar, por sorpresa, alguna despistada. Cantaba la rana... Y el cazamariposas se aproxima a la velocidad del rayo. Esta vez no se va a escapan. Otras, se escabullen, debajo del agua... El safari aún ha terminado. Varios cazadores, incursionan, una vez más. Y alguna cae, atrapada, en una red traslúcida. Chicos, ya es hora de levantar el campamento. Las luciérnagas flanquean, en vuelo flotante, el camino de vuelta. Los jóvenes cazadores entonan una canción desafinada. El croar de las ranas supervivientes apenas, se distingue, salvo a lo lejos, del griterío de la chavalería. En un momento dado, las luciérnagas desaparecen. Un mugido pone en guardia al grupo. ¡Es una vaca! Cuerpo a tierra. Dispersión. La chavalería corre, despavorida. Creen, por error, que la vaca les persigue. Sin embargo, en su ceguera, la vaca avanza con suma lentitud, las luciérnagas, compasivas, le indican, con su vuelo luminoso, el camino de regreso al establo.
 

Selección de y relatos y poemas escogidos de © Inmaculada Nogueras , cedidos amablemente por la autora, para su publicación en la revista mis Repoelas:






El filete


La ley del mar


En casa de Córtazar


Luciérnagas


 


Página publicada por: José Antonio Hervás Contreras