INDISPUESTA
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| Después de la última cena ella
se sintió indispuesta. Él llegó con los
ojos enrojecidos y la camisa arrugada. Había llorado.
Parecía otro, casi un extraño, un farsante en
una escena de película donde se juega al póker
y se comercia con lo imposible. Traía consigo comida
del chino. Arrojó el paraguas y rebotó contra
el metal, cayendo al suelo. Afuera llovía. El gris de
la tarde se apropiaba de las sombras que proyectaban las farolas
en la noche. Sintió un desgarro como alfiler clavado
en el pecho. Así se siente ella después de verle
depositar la bolsa en la mesa del salón. |
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| Todo enigma suscita preguntas y la mujer cree hallar la certeza
a través de su intuición. La incertidumbre la
habita como una indiscreta palmada en el trasero. Cuando se
sientan, uno frente al otro, el ambiente resulta triste, como
si hablasen lenguas diferentes y no se entendiesen. No queda
esperanza cuando algo muere por dentro y nada ni nadie puede
detener la sensación de pérdida. Dios no existe
en esta tragedia. Tan sólo los platos todavía
vacíos, las copas, la botella de vino espumoso, la comida
del chino y los palillos de madera. Frente a frente, él
y ella simulan pero saben que ciertas ambiciones no se cumplirán
nunca. Porque la verdad ha de ser sólida, no maleable
como los sueños o la presunta historia, escrita siempre
bajo el ideario de los vencedores. Porque ha llorado, tal vez
no merezca la pena continuar, seguir adelante, pero ella disimula
y pretende creer o hacerle creer que nada ha cambiado. |
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| A donde llega la historia de una ruptura no se atreve la palabra.
Simplemente la acaricia y sobrevuela lo mínimo de un
paradigma y el embuste de un hombre que llora por inercia. Como
rumor de aguas de un río que atraviesan la jungla. El
sonido resulta el murmullo, también, de aquellas voces
lejanas que un día te advirtieron. Tan lejano como el
amor que se pregona o se oferta en las esquinas, a modo de secuencia
numérica. Como una terapia a destiempo –inútil
y descreída- las palabras del hombre. Todo sobra o ya
está dicho. Un homenaje a lo vacuo, el anticipo de un
deicidio, cargar con la culpa a destiempo. Como si fuese costumbre
y obligación, la vida en el alambre perpetuando su desgana.
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| La burla ante un presente inequívoco donde
crecer o simplemente aguardar a que los días transcurran
y no suceda nada. Pero siempre acontece algo. Hay otra mujer
que espera a ese hombre que ha llorado y ahora se limpia los
labios con una arpillera. Después de la última
cena, ella se sintió indispuesta. Ninguno se pronunció
ni dijo nada; la habían engullido fría. |
| (texto inédito de En
noches de luz y fuego) |
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